Kristilandia queda en cualquier calle, no sé el número de puerta pero sí la motivación. Kris es una señora bien arreglada pero de malos modales que dice blanco y hace negro.
A veces me echo sobre el césped bajo un túnel de árboles tratando de olvidarla para no enloquecer.
Argenlandia no es sinónimo de Kristilandia, aunque en el presente la diferencia es sutil, difusa. Ella no es dueña de sus palabras y creo que tampoco de todos sus actos. Cree que todos los que pensamos diferente la odiamos, somos sus enemigos.
En estos momentos, mi país es un bife de chorizo que se desangra falto de cocción.
miércoles, 10 de marzo de 2010
jueves, 11 de febrero de 2010
POLITI-K
Mi psiquiatra se enojó de nuevo conmigo. Ahora, porque el presidente del Banco Central se niega a abandonar su puesto y no tenemos la misma óptica.
Expresé que el señor Tornado debe obedecer al ministro Bubú. En cambio, mi doctor dice que se debe ir aceptando la decisión de la presidente de la Nación, Nestorina de Kirlombo.
Además, observé que no podemos ser todos candidatos para el 2011. No coincidió y cambió de tema.
Ahora, estoy encerrada con el televisor echando vapor, transmitiendo en vivo como Tornado es expulsado por Mala Conducta, como niño del colegio, según decreta Nestorina hoy.
Él, sigue atrincherado en su sillón. Yo, pastilla blanca en el paladar, trato de sobrevivir al atroz encanto de ser argentina.
Expresé que el señor Tornado debe obedecer al ministro Bubú. En cambio, mi doctor dice que se debe ir aceptando la decisión de la presidente de la Nación, Nestorina de Kirlombo.
Además, observé que no podemos ser todos candidatos para el 2011. No coincidió y cambió de tema.
Ahora, estoy encerrada con el televisor echando vapor, transmitiendo en vivo como Tornado es expulsado por Mala Conducta, como niño del colegio, según decreta Nestorina hoy.
Él, sigue atrincherado en su sillón. Yo, pastilla blanca en el paladar, trato de sobrevivir al atroz encanto de ser argentina.
Argentina, Argenlandia, Argentos
¿Se puede vivir en la Argentina? Te falta el aire, a veces te dan ganas de gritar, de salir corriendo, de cruzar el río Uruguay sin más valija que el DNI en una bolsa de nylon, de bajar los brazos... de bajar la guardia.
¿Se puede cambiar la Argentina? Ópera inconclusa, demanda sin respuestas, futuro dudoso.
Se puede cambiar de año, de pasión, de religión, de estado civil, de casa y de laburo, pero si se puede cambiar este país, ¿por qué no hemos comenzado aún?
¿Se puede cambiar la Argentina? Ópera inconclusa, demanda sin respuestas, futuro dudoso.
Se puede cambiar de año, de pasión, de religión, de estado civil, de casa y de laburo, pero si se puede cambiar este país, ¿por qué no hemos comenzado aún?
TANTO
Leo y releo tu carta, repaso la tinta azul violácea, toco tus letras. Te amo pero estás tan lejos.
Me gustan tu piel cetrina y tu pelo bruno al viento, besarte los párpados mientras el aire andino me da en la cara.
Pertenezco tanto a la llanura, con sus veranos agobiantes y los gringos trabajando el campo de sol a sol. Más el río que todo lo puede; con sus islas, pescadores, canoas y sauces llorones acariciando el agua con sus lágrimas.
Crecimos en mundos distintos.
No tengo idea cómo se escala ni una de tus montañas, pero sé subir por tu espalda para acariciarte los hombros. No sabría cómo llegar a Paso Oscuro, sin embargo conozco tus pisadas mejor que mi mirada en el espejo.
Tanto nos une.
Tanto nos aleja.
Tanto te amo.
Me gustan tu piel cetrina y tu pelo bruno al viento, besarte los párpados mientras el aire andino me da en la cara.
Pertenezco tanto a la llanura, con sus veranos agobiantes y los gringos trabajando el campo de sol a sol. Más el río que todo lo puede; con sus islas, pescadores, canoas y sauces llorones acariciando el agua con sus lágrimas.
Crecimos en mundos distintos.
No tengo idea cómo se escala ni una de tus montañas, pero sé subir por tu espalda para acariciarte los hombros. No sabría cómo llegar a Paso Oscuro, sin embargo conozco tus pisadas mejor que mi mirada en el espejo.
Tanto nos une.
Tanto nos aleja.
Tanto te amo.
Amores Vacíos y Banderas Fatigadas
No me encuentro en el espejo, debo estar en otro lugar. La lluvia fatiga las banderas y la patria destiñe su celeste cielo.
Miro hacia la calle sabiendo que es tiempo perdido. Estás lejos de mí, muy dentro de ti mismo y tus consecuencias. Cómo me gustaría amarte.
Tal vez tu egoísmo haga que mires la misma lluvia y la misma bandera, desde otro sitio, sólo como un día más.
En uno de los espejos de tu mansión, aparece mi rostro con absoluta nitidez.
Miro hacia la calle sabiendo que es tiempo perdido. Estás lejos de mí, muy dentro de ti mismo y tus consecuencias. Cómo me gustaría amarte.
Tal vez tu egoísmo haga que mires la misma lluvia y la misma bandera, desde otro sitio, sólo como un día más.
En uno de los espejos de tu mansión, aparece mi rostro con absoluta nitidez.
viernes, 5 de febrero de 2010
LA OFICINA EN LA PLAZOLETA DE LA AVENIDA MEREY
Sentada bajo un árbol, tecleaba en mi computadora mientras los autos pasaban, indiferentes, fieles al verde destino del semáforo y su cuello de jirafa. No tenía teléfonos y no sabía cómo comunicarme con mis compañeros de oficina. Tampoco estaban mi escritorio con lápices y papeles ni la voz del encargado en la oficina contigua.
Entre hierbas, vi un marcador azul fuerte que no me pertenecía.
Me dolía la espalda, ya que sentada sobre un tronco atravesado en la plazoleta no sabía ingresar información a las planillas de costos pero sin embargo lo estaba haciendo. Todo muy confuso y raro, sobre mi cabeza el cielo era vegetal.
Nadie me miraba, porque en realidad, nadie me veía. Pensé en llamar a Marlina, pero no encontré el celular en mi bolsillo.
Tuve ganas de echarme a llorar en plena calle.
Había perdido todo: mi trabajo, el grupo humano y el sueldo mensual. Tendría que limpiar autos si quería lograr alguna moneda.
Giré. En esos instantes estaban internando a Lorna en una clínica de-no-sé-qué, muy bonita pero con ventanas oscuras en la acera sur. La pobre infeliz llevaba una bata amarillenta como todo vestido y se entregaba resignada a su destino.
Ya ni jefa me quedaba.
Los algarrobos y tilos se llenaron de aves y sus trinos, amén del olor húmedo de la vegetación en enero.
Pensé que tal vez César sabría de mi situación y al no encontrarme en casa me buscaría. Qué absurdo. Sólo podría encontrar mi celular en la mesa de la cocina.
¿Cómo adivinaría que mi puesto de trabajo se resumía al tronco de una plaza?
Pasó una nena con un globo ámbar, se acercó y me lo dio. Cuando vio que me lo amarraba al tobillo salió corriendo y se fue con la madre.
Comprendí que había sido desacertado atármelo, escribí un mensaje azul para César en él y lo solté.
ESTOY EN LA PLAZOLETA DE LA AVENIDA MEREY TRABAJANDO - BUSCAME.
Envejecía el cielo pero el globo tomó impulso hacia el centro, fue la primera alegría del día. Tal vez llegaría a mi casa en poco tiempo.
Seguí tecleando sin darle importancia al dolor de espaldas ni a la oscuridad estival.
Confiaba en mi mensaje, en el globo como loco navegante nocturno y en ti.
Advertí la presencia de alguien observándome. Una sombra alta y oscura en medio de la noche que se cerraba sobre Merey.
César me miraba con ternura mientras sostenía el globo en la mano izquierda.
Lo abracé sin pensar que rompía el teclado y el monitor quedaba olvidado, el tronco se convirtió en cenizas y los árboles empequeñecían velozmente.
El globo se había desinflado, resumiéndose en un caramelo de miel en la palma de tu mano.
Excepto vos y yo, todo era relativo.
Entre hierbas, vi un marcador azul fuerte que no me pertenecía.
Me dolía la espalda, ya que sentada sobre un tronco atravesado en la plazoleta no sabía ingresar información a las planillas de costos pero sin embargo lo estaba haciendo. Todo muy confuso y raro, sobre mi cabeza el cielo era vegetal.
Nadie me miraba, porque en realidad, nadie me veía. Pensé en llamar a Marlina, pero no encontré el celular en mi bolsillo.
Tuve ganas de echarme a llorar en plena calle.
Había perdido todo: mi trabajo, el grupo humano y el sueldo mensual. Tendría que limpiar autos si quería lograr alguna moneda.
Giré. En esos instantes estaban internando a Lorna en una clínica de-no-sé-qué, muy bonita pero con ventanas oscuras en la acera sur. La pobre infeliz llevaba una bata amarillenta como todo vestido y se entregaba resignada a su destino.
Ya ni jefa me quedaba.
Los algarrobos y tilos se llenaron de aves y sus trinos, amén del olor húmedo de la vegetación en enero.
Pensé que tal vez César sabría de mi situación y al no encontrarme en casa me buscaría. Qué absurdo. Sólo podría encontrar mi celular en la mesa de la cocina.
¿Cómo adivinaría que mi puesto de trabajo se resumía al tronco de una plaza?
Pasó una nena con un globo ámbar, se acercó y me lo dio. Cuando vio que me lo amarraba al tobillo salió corriendo y se fue con la madre.
Comprendí que había sido desacertado atármelo, escribí un mensaje azul para César en él y lo solté.
ESTOY EN LA PLAZOLETA DE LA AVENIDA MEREY TRABAJANDO - BUSCAME.
Envejecía el cielo pero el globo tomó impulso hacia el centro, fue la primera alegría del día. Tal vez llegaría a mi casa en poco tiempo.
Seguí tecleando sin darle importancia al dolor de espaldas ni a la oscuridad estival.
Confiaba en mi mensaje, en el globo como loco navegante nocturno y en ti.
Advertí la presencia de alguien observándome. Una sombra alta y oscura en medio de la noche que se cerraba sobre Merey.
César me miraba con ternura mientras sostenía el globo en la mano izquierda.
Lo abracé sin pensar que rompía el teclado y el monitor quedaba olvidado, el tronco se convirtió en cenizas y los árboles empequeñecían velozmente.
El globo se había desinflado, resumiéndose en un caramelo de miel en la palma de tu mano.
Excepto vos y yo, todo era relativo.
miércoles, 27 de enero de 2010
Tu Despedida
Puñal caliente.
Montaña sin cumbre.
Cortinas al viento.
Tango sin fin.
Así y un poco más cruel, fue el día de tu adiós.
Montaña sin cumbre.
Cortinas al viento.
Tango sin fin.
Así y un poco más cruel, fue el día de tu adiós.
miércoles, 20 de enero de 2010
Frío y Cobardía
Tu boca no se abre. Agita el viento del mar el humo de tu cigarrillo. Intentas mirarme, pero te volvés hacia el balcón.
¿Alguna vez me amaste?
Tu boca intenta decirme algo. Tus labios carnosos empalidecen frente al viento frío de esta noche de invierno. El mar puede ser cruel con gente como vos.
¿Alguna vez te amé?
Por fin giras hacia mí, tu boca se abre, pero vuelve a plegarse y tu mirada se pierde en el aire, tomas las llaves y te acercás hacia la puerta. El frío es más cruel con gente cobarde.
Nunca me quisiste.
A lo lejos, en la playa oscura, veo tu espalda alejarse sobre el muelle.
Ya no te amo.
¿Alguna vez me amaste?
Tu boca intenta decirme algo. Tus labios carnosos empalidecen frente al viento frío de esta noche de invierno. El mar puede ser cruel con gente como vos.
¿Alguna vez te amé?
Por fin giras hacia mí, tu boca se abre, pero vuelve a plegarse y tu mirada se pierde en el aire, tomas las llaves y te acercás hacia la puerta. El frío es más cruel con gente cobarde.
Nunca me quisiste.
A lo lejos, en la playa oscura, veo tu espalda alejarse sobre el muelle.
Ya no te amo.
domingo, 17 de enero de 2010
Pobreza y Catástrofes
Vivo en un país pobre. No preciso cruzar la frontera para tomar contacto con la pobreza, la miseria, la postergación.
Convivo con manitos que piden "una monedita que me dé" mientras andan en patas sobre el asfalto, con el pelo sucio y la ropa perforada.
Las caritas morenas con cicatrices y las bocas sin dientes son pan de todos los días, no es necesario llenar papeles en una oficina y subirse a un avión para conocerlos.
Les pregunto si van a la escuela, la mayoría dice que sí, pero un día una nena me dijo que no porque la hermanita le traía frutas del comedor escolar.
Vivo en la Argentina, no es necesario ir muy lejos para ver trozos de cartón o chapas que son todo el "hogar" que tiene una familia, que llega el invierno y el frío los atraviesa como puñales en el aire.
Son los mismos que en el hospital deben esperar para que los vea un médico cuatro horas después, o llaman desde su barrio a una ambulancia que no podrá acceder por miedo.
Catástrofes hay muchas, pandemias también.
Pero la pobreza es un pequeño sismo diario.
Convivo con manitos que piden "una monedita que me dé" mientras andan en patas sobre el asfalto, con el pelo sucio y la ropa perforada.
Las caritas morenas con cicatrices y las bocas sin dientes son pan de todos los días, no es necesario llenar papeles en una oficina y subirse a un avión para conocerlos.
Les pregunto si van a la escuela, la mayoría dice que sí, pero un día una nena me dijo que no porque la hermanita le traía frutas del comedor escolar.
Vivo en la Argentina, no es necesario ir muy lejos para ver trozos de cartón o chapas que son todo el "hogar" que tiene una familia, que llega el invierno y el frío los atraviesa como puñales en el aire.
Son los mismos que en el hospital deben esperar para que los vea un médico cuatro horas después, o llaman desde su barrio a una ambulancia que no podrá acceder por miedo.
Catástrofes hay muchas, pandemias también.
Pero la pobreza es un pequeño sismo diario.
martes, 8 de diciembre de 2009
Poeta de la Pampa Gringa
Hoy muchos llegarían, pero Pedroni les ha ganado, dice que sumaban muchos gringos, cruzaron el río amargo. Sus sueños han cambiado en estas tierras ávidas de arados. El poeta los observa. El poeta los está admirando. Escribe, mira y sueña. El poeta los inmortaliza con su tinta derramada entre surco y surco americano, dejan su piel blanca y espaldas sudadas.
sábado, 28 de noviembre de 2009
El ÚNICO
Me asfixia, me enferma me enreda la mente y me ata los sentidos. Es un lío su mente y un desquicio su vida. Sin embargo, hay gente que cree que aún puede ser útil.
Es el dueño de sus raíces y propietario de la verdad. Los demás, son envases descartables.
Es el dueño de sus raíces y propietario de la verdad. Los demás, son envases descartables.
sábado, 19 de septiembre de 2009
Manos Blancas
No me sueltes. No te vayas. No me dejes. Siento que tus manos blancas se deslizan de las mías hacia arriba, te vas, te alejás y por más que me esfuerce en retenerlas se esfuman en la nada.
O en el Todo.
O en el Todo.
martes, 11 de agosto de 2009
Sin Olvido
Está mal y se le nota. No disimula su tristeza hundida en las sábanas del olvido.
Él le dijo adiós y nunca volvió. Triunfa bajo otros cielos en otro idioma.
Ella está mal y no reprime las lágrimas que hacen campanitas sobre la alfombra bordeaux.
Él le dijo adiós y nunca volvió. Triunfa bajo otros cielos en otro idioma.
Ella está mal y no reprime las lágrimas que hacen campanitas sobre la alfombra bordeaux.
sábado, 21 de marzo de 2009
Visitantes del Jardín
Tenía seis años y estaba tranquila jugando en el jardín. Me llamó por mi nombre una voz masculina rara, profunda, salí a la vereda: una joven delgada me miró con una sonrisa breve y se quedó allí, de pie, de frente a mí. Pude ver dulzura en su mirada. En seguida, un estruendo atroz nos asustó a todos en la calle Mioja: un camión desvencijado con su carga vacía y sucia se apostaba frenta a mi casa: el conductor descendió, dio un portazo a su cabina y me encaró:
-Soy el distribuidor de padres, agarralo que me tengo que ir, nena. -Reconocí la voz rara.
-¿Qué?
- Que ése que está ahí -señaló con su dedo y vi que no estaba vacío, en el piso arenoso yacía un hombre moreno atado- es el último y me vuelvo con mi patrón, firmá acá. Sacó una planilla arrugada, la apoyó contra una madera maltrecha con olor a lluvia.
- No sabe escribir todavía -me excusó la joven antes de que yo abriera la boca.
- Bue, da igual...- giró el cuerpo y gritó hacia el tipo atado: ¡Bajate de una vez ya demasiado paseaste todo el día!
El hombre se apeó desatándose solo las sogas de sus tobillos, el camión desapareció sin más. Lo más extraño es que el conductor me dijo que en veinte años volvería por él. El desatado se fijó en la joven y yo me hundí corriendo en mi casa.
Encontré a mi abuela en la cocina.
- ¿Quienes son esos que están ahí? -le pregunté señalando con un palito hacia la ventana. Ella atravesó el comedor y movió las cortinas.
- Tus padres, hijita, tus padres...
- ¿Qué? ¿Para qué? -Ella volvió a revolver la bagna cauda pero su cabeza parecía estar ocupada.
El aroma a anchoas me llegó desde la olla: que exquisitez... nadie entre todos los piamonteses de mi pueblo hacía la bagna cauda como mi abuela Magui.
La abracé por la cintura, lagrimeé.
Me mandó a preparar la mesa y nos sentamos a comer. ¡Qué felicidad! Nada más rico que aquella comida que atraía a vecinos y parientes a la casa de mis abuelos.
-Lavate las manos antes de comer, Marianita, después vemos qué hacemos con los de afuera.
-Sí, abuela. - Con que vos estés bien, basta, pensé y comencé a mojar el pan en la crema.
-Soy el distribuidor de padres, agarralo que me tengo que ir, nena. -Reconocí la voz rara.
-¿Qué?
- Que ése que está ahí -señaló con su dedo y vi que no estaba vacío, en el piso arenoso yacía un hombre moreno atado- es el último y me vuelvo con mi patrón, firmá acá. Sacó una planilla arrugada, la apoyó contra una madera maltrecha con olor a lluvia.
- No sabe escribir todavía -me excusó la joven antes de que yo abriera la boca.
- Bue, da igual...- giró el cuerpo y gritó hacia el tipo atado: ¡Bajate de una vez ya demasiado paseaste todo el día!
El hombre se apeó desatándose solo las sogas de sus tobillos, el camión desapareció sin más. Lo más extraño es que el conductor me dijo que en veinte años volvería por él. El desatado se fijó en la joven y yo me hundí corriendo en mi casa.
Encontré a mi abuela en la cocina.
- ¿Quienes son esos que están ahí? -le pregunté señalando con un palito hacia la ventana. Ella atravesó el comedor y movió las cortinas.
- Tus padres, hijita, tus padres...
- ¿Qué? ¿Para qué? -Ella volvió a revolver la bagna cauda pero su cabeza parecía estar ocupada.
El aroma a anchoas me llegó desde la olla: que exquisitez... nadie entre todos los piamonteses de mi pueblo hacía la bagna cauda como mi abuela Magui.
La abracé por la cintura, lagrimeé.
Me mandó a preparar la mesa y nos sentamos a comer. ¡Qué felicidad! Nada más rico que aquella comida que atraía a vecinos y parientes a la casa de mis abuelos.
-Lavate las manos antes de comer, Marianita, después vemos qué hacemos con los de afuera.
-Sí, abuela. - Con que vos estés bien, basta, pensé y comencé a mojar el pan en la crema.
miércoles, 18 de febrero de 2009
Sueño Vegetal
Corrió sobre el campo verde pleno de sol. Se sintió levitar sobre la llanura infinita, vegetal, virgen.
Su pelo dorado volaba hacia el Este y ella creyó estar dentro de un sueño. A lo lejos, se veía un pequeño monte de árboles altísimos. Siguió disfrutando de la brisa en la cara y de la paz de la colonia.
Sin embargo, al chocar contra un algarrobo, volvió a la realidad: se encontró en su habitación, despeinada y con una montaña de papeles para estudiar. En una mesita ratona, el café se había derramado, frío, formando un río oscuro que terminaba en el suelo sin que nadie lo perciba.
Su pelo dorado volaba hacia el Este y ella creyó estar dentro de un sueño. A lo lejos, se veía un pequeño monte de árboles altísimos. Siguió disfrutando de la brisa en la cara y de la paz de la colonia.
Sin embargo, al chocar contra un algarrobo, volvió a la realidad: se encontró en su habitación, despeinada y con una montaña de papeles para estudiar. En una mesita ratona, el café se había derramado, frío, formando un río oscuro que terminaba en el suelo sin que nadie lo perciba.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
